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FIESTA DE TODOS LOS SANTOS: HOMENAJE A LA COFRADÍA DE LAS ANIMAS

 


El Ayuntamiento rinde homenaje a la antigua Cofradía de Ánimas


Durante estos días, el Patio de Columnas del Ayuntamiento acoge una exposición dedicada a la antigua Cofradía de Ánimas, en la que se muestran las dos copas que simbolizan esta hermandad, junto al recuerdo de una historia que se remonta al año 1711.


Para conocer y comprender el significado, la importancia y el legado de esta cofradía en nuestra localidad, os invitamos a leer este interesante artículo de nuestro cronista oficial, Manuel López Fernández, que nos descubre su historia, sus tradiciones y su estrecha vinculación con la festividad de Todos los Santos y las Ánimas Benditas.


También destacamos que en estos días, un grupo de voluntarios limpia y pone flores y velas a aquellos difuntos que no tienen familia. Gracias 


LA COFRADÍA DE ÁNIMAS DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO: HISTORIA, TRADICIÓN Y MEMORIA DE NUESTROS DIFUNTOS

Fuente: M. L. F.

La historia de nuestros pueblos está escrita en sus documentos, en sus tradiciones y, sobre todo, en la memoria de quienes han sabido conservarlas y transmitirlas de generación en generación. En Villanueva del Arzobispo, la antigua Cofradía de Ánimas constituye un ejemplo de cómo la religiosidad popular, la solidaridad vecinal y el recuerdo de nuestros difuntos han formado parte de la vida colectiva durante siglos.

Gracias a la documentación conservada y a los testimonios de personas que conocieron esta tradición, hoy podemos acercarnos a una de las costumbres más singulares de nuestro patrimonio cultural: el Baile de Ánimas.

Un libro de constitución de 1711

Hace algún tiempo nos facilitaron el primer libro de constitución de la Hermandad de Ánimas, fechado en el año 1711. Un documento de extraordinario interés histórico que permite conocer el funcionamiento de esta cofradía, sus obligaciones religiosas, sus formas de organización y sus actividades para recaudar fondos.

En el punto número 15 de sus estatutos se recoge expresamente la celebración del Día de los Santos Inocentes:





«Que en el día de los Inocentes, el Hermano Mayor ha de convocar a tres hermanos, los más activos, que han de pedir limosna, y el pan, pollos y huevos que se junten venderlos el almotacén, en la Plaza, los días festivos, que de esta forma muchos devotos dan mucho más de su valor».

Este artículo refleja una práctica de solidaridad y participación popular en la que los vecinos contribuían al sostenimiento de la hermandad mediante donativos y productos de primera necesidad.

También resulta especialmente interesante el artículo 7, que establece la celebración anual de un oficio religioso solemne:

«Que cada año el domingo siguiente a Todos los Santos, se ha de celebrar en la iglesia parroquial un oficio mayor solemne con sermón, ha de asistir la música de voz de esta villa. La tarde de antes, haciendo procesión claustral antes de la misa […]».

El texto detalla igualmente las cantidades que debían abonarse al clero, al predicador y a los músicos por su participación en los actos religiosos. Así, se establecían siete reales y medio por el oficio y la procesión claustral, treinta reales para el predicador y cuarenta y cuatro reales para la música.

Estos estatutos nos permiten comprender la importancia que alcanzó la Cofradía de Ánimas en la vida religiosa y social de Villanueva del Arzobispo. Su organización, la elección del Hermano Mayor y de los diputados, las celebraciones y las cuestaciones constituyen un interesante capítulo de nuestra historia local que merece ser estudiado con mayor profundidad.

Las conversaciones mantenidas con los hermanos Simón y Francisco Nieto, hoy fallecidos, en ocasiones acompañados por el investigador Antonio, fueron especialmente enriquecedoras para conocer los detalles de esta tradición y recuperar parte de su memoria.

El Baile de Ánimas: cuando el pueblo cambiaba de manos

Las cofradías de Ánimas celebraban de manera especial el 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Eran jornadas en las que la vida cotidiana de la localidad se transformaba y en las que los hermanos recorrían las calles solicitando limosnas para sufragar las obligaciones de la hermandad.

Según relataron Simón y Francisco Nieto, durante la década de los años ochenta del pasado siglo todavía se conservaba el recuerdo de esta fiesta, transmitido por quienes habían participado en ella o la habían conocido de primera mano.

Bajo la denominación de Baile de Ánimas se agrupaban varios días de celebraciones, cada uno con sus propios ritos y costumbres.




La tradición comenzaba en Nochebuena, cuando un hermano vestido de «mojiganga», caracterizado como mujer, se subía a un borrico y recorría las esquinas del pueblo pregonando la llegada de los días de los animeros. De aquella singular figura surgió el nombre popular de «el tío del borrico», cuya misión era anunciar unas jornadas que rompían con la rutina habitual de la localidad.

El 26 de diciembre, festividad de San Esteban, se requería la presencia de los hermanos y, posteriormente, la de las autoridades.

Al día siguiente, los hermanos de Ánimas recibían del alcalde y de las autoridades de la villa los llamados bastones de mando. Con este gesto comenzaba la tradicional «Noche de la Queda», una de las costumbres más recordadas por quienes tuvieron la oportunidad de conocerla.

Desde las ocho o las nueve de la noche del día 27 hasta la mañana del 28 de diciembre, los animeros se convertían, simbólicamente, en los auténticos amos del pueblo.

El bastón que recibían de las autoridades les otorgaba, dentro del carácter festivo y burlesco de la celebración, una autoridad ficticia con la que podían denunciar a los vecinos por motivos tan cotidianos como mantener abierta la puerta de casa después de medianoche o salir a la calle a determinadas horas.

Todo formaba parte de una representación jocosa cuyo objetivo principal era conseguir limosnas para las Ánimas Benditas.

El casino era otro de los lugares visitados durante aquella noche. Los hermanos colocaban el bastón sobre la mesa de juego y, amparados por aquella autoridad simbólica, solicitaban amablemente un aguinaldo para la hermandad.

La Noche de la Queda constituía, por tanto, una mezcla de humor, tradición, participación vecinal y solidaridad. Una celebración que permitía alterar, por unas horas, las normas habituales de convivencia y convertir las calles del pueblo en escenario de una representación colectiva.

La petición de limosnas y la Torta de Dulce

La actividad de la hermandad no terminaba con los Santos Inocentes. Los hermanos continuaban recorriendo las casas de la villa hasta el 6 de enero, festividad de los Reyes Magos.

Ese día, las monjas dominicas regalaban a los hermanos una gran tarta conocida como la Torta de Dulce, que se rifaba entre los vecinos. La persona afortunada recibía el premio en su domicilio, acompañada por la orquesta de Ánimas, en una celebración que reforzaba los vínculos entre la hermandad y la comunidad.




La petición de limosnas tampoco se limitaba a las fiestas navideñas. Según los testimonios recogidos, la hermandad salía a pedir durante todo el año, el último día de cada mes.

Para ello utilizaba una campanilla y un cepillo, una especie de hucha de hojalata provista de candado. Mientras recorrían las calles, los hermanos hacían sonar la campanilla y recitaban una conocida coplilla:

«A las Ánimas Benditas
no cierren las puertas,
porque diciendo perdón
ellas se van tan contentas».

Estas palabras, sencillas y cargadas de significado, forman parte de una tradición oral que unía la petición de limosna con la devoción y el recuerdo de los difuntos.

Las Tacillas de Ánimas: símbolos de una tradición centenaria

Entre los elementos más singulares de esta hermandad se encontraban las conocidas como Tacillas de Ánimas.

Se trataba de dos recipientes de bronce que incorporaban figuras talladas en madera: una representaba a una mujer y otra a un hombre, ambos envueltos en llamas. Estas piezas se colocaban el Día de los Difuntos a la entrada del cementerio y en la iglesia, donde los visitantes depositaban sus limosnas.

Gracias a Diego Cuevas, fue posible contemplar y fotografiar la tacilla de Ánimas con figura femenina, una pieza de gran valor etnográfico que ayuda a comprender mejor esta tradición.

La hermandad también desempeñaba una función importante en los ritos funerarios y en el acompañamiento de sus miembros. Entre sus actividades figuraban la celebración de misas dedicadas a las Ánimas, la asistencia con el estandarte a los entierros de los cofrades y la recogida de donativos a las puertas del cementerio.





La continuidad de la institución dependía, en buena medida, de la figura del Hermano Mayor. Su sustitución se producía por fallecimiento o por el cansancio de quien ocupaba el cargo, siendo el párroco el encargado de proponer un sucesor entre los hermanos.

Don Francisco Nieto, durante su larga vida, conoció únicamente a dos Hermanos Mayores de Ánimas. Su padre ocupó el cargo desde su nombramiento en 1912 hasta su fallecimiento en 1936. Ese mismo año tomó el relevo su hermano, don Simón Nieto, quien permaneció al frente de la hermandad hasta su desaparición en 1975.

Los documentos recuperados en 2016

La memoria de esta tradición volvió a ocupar un lugar destacado en la vida local durante la festividad de Todos los Santos de 2016.

Gracias a la intervención de Alicia González y Jorge Romero, concejales de la localidad, se expusieron a la entrada del cementerio las dos Tacillas de Ánimas, con sus representaciones masculina y femenina.

Junto a ellas se mostró un cuaderno recuperado que recogía los gastos e ingresos de la hermandad entre 1939 y 1962. Se trata de una documentación de gran valor para reconstruir su actividad durante buena parte del siglo XX.

En sus páginas aparecen anotaciones relacionadas con la petición de aguinaldos, la celebración de misas del alba aplicadas a las Ánimas, la asistencia a los entierros de los cofrades con el estandarte, las cuestaciones con las tacillas y la recogida de donativos en la puerta del cementerio.

Cada anotación constituye una pequeña pieza de un puzle histórico que nos permite acercarnos a la organización y al funcionamiento de una hermandad profundamente vinculada a las costumbres villanovenses.

La recuperación y difusión de estos documentos resulta fundamental para evitar que desaparezcan los testimonios materiales de una tradición que durante siglos formó parte de la identidad del municipio.

Personas de gran corazón y humanidad

Las tradiciones no sobreviven únicamente gracias a los documentos. También necesitan personas que mantengan vivo su espíritu y que sepan adaptarlo a las necesidades de cada época.

En los últimos años he observado cómo algunas personas voluntarias se han preocupado por las sepulturas y los nichos que permanecían sin flores ni velas. En el caso de determinadas tumbas de tierra, también han realizado labores de limpieza, acondicionamiento y arreglo.






En 2025 pude comprobar cómo algunas de estas sepulturas lucían una vela encendida con la inscripción de la Cofradía de Ánimas.

Desde la página de Cultura se difundió entonces un reconocimiento a Manuel Moreno Navarrete, Mari Carmen Rodríguez Siles y Miriam González Almenara por su labor solidaria. Los tres habían recuperado, con la colaboración del Ayuntamiento, una parte esencial del antiguo cometido de la cofradía: recordar a quienes ya no tienen familiares que los acompañen o cuyos nombres se han perdido con el paso del tiempo.

Su iniciativa consistió en limpiar y adornar con flores las sepulturas, además de encender velas en memoria de los difuntos olvidados.

Es una labor que merece el aplauso y el agradecimiento de todos los villanovenses. Detrás de cada tumba hay una historia, una vida y una memoria que merecen respeto, aunque ya no quede nadie que pueda recordarlas de manera personal.

Estos jóvenes han demostrado que la tradición puede convertirse en una forma de compromiso con la comunidad y que recordar a quienes nos precedieron es también una manera de cuidar nuestra propia historia.

Recuperar la memoria de la Cofradía de Ánimas

La historia de la Cofradía de Ánimas de Villanueva del Arzobispo es mucho más que el relato de una antigua hermandad religiosa. Es la historia de una comunidad que encontró en la solidaridad, la participación vecinal y el recuerdo de sus difuntos una forma de mantener vivos sus vínculos.

Desde los estatutos de 1711 hasta los testimonios de los hermanos Simón y Francisco Nieto, pasando por las Tacillas de Ánimas y los cuadernos de cuentas del siglo XX, contamos con un patrimonio documental, material e inmaterial que merece ser estudiado, protegido y difundido.






Por ello, sería de gran interés impulsar una iniciativa que permitiera recuperar y dar a conocer esta tradición, reuniendo la documentación conservada, los testimonios orales y los objetos que han llegado hasta nuestros días. Una propuesta que podría contribuir a preservar esta parte de nuestra identidad y a transmitirla a las nuevas generaciones.

Porque la cultura también consiste en rescatar aquello que el tiempo ha ido dejando atrás, reconocer a quienes lo conservaron y comprender que la memoria de un pueblo se construye, igualmente, con las pequeñas historias de quienes vivieron antes que nosotros.

Y quizá no exista mejor manera de honrar a nuestros antepasados que mantener viva la tradición de recordar a quienes ya no tienen a nadie que pronuncie sus nombres.

 



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