Hoy comenzamos una serie que nos ha dado muchas alegrías durante este verano y que, también desde nuestra Ventana Cultural, recuperamos este otoño con motivo de la campaña Villanueva Literaria 2026.
“Nuestra Historia”, un espacio dedicado a descubrir y poner en valor artículos de interés sobre Villanueva del Arzobispo y los villanovenses.
Y lo hacemos con una serie de cuatro capítulos dedicada a los villanovenses muertos en el campo de concentración de Mauthausen, Austria.
De la mano de nuestro cronista, Manuel López Fernández, y a través de un excelente y soberbio trabajo de investigación, descubriremos quiénes fueron aquellos villanovenses que perdieron la vida en el terrible campo de exterminio.
Sus historias, circunstancias que los llevaron hasta allí y las raíces y familias que dejaron atrás.
Os invitamos a abrir, una vez más, la Ventana de “Nuestra Historia”
NUESTRA HISTORIA
Villanovenses muertos en Mauthausen
Por Manuel López Fernández
Aparecido en Revista La Moraleja, número 74
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Antonio Machado
-El Por qué-
Han sido numerosos los reportajes filmados y los artículos de prensa que nos han mostrado las carreteras y caminos repletos de todo tipo de personas, bajo el frío invernal de febrero, con dirección a Francia.
Pintoresca y, a su vez, conmovedora estampa de hombres vencidos y familias enteras que huían de una muerte segura tras la Guerra Civil española, en busca de la libertad. Nuestro Antonio Machado moriría en Collioure, pequeño pueblo francés, a los pocos días de atravesar la frontera.
Ante la llegada masiva de españoles, el Gobierno francés tuvo que poner en práctica diferentes medidas para localizar y habilitar lugares donde instalar campos de refugiados y dar cobijo a los casi quinientos mil españoles que estaban saliendo de España. Se adaptaron amplias extensiones de terreno, algunas cercanas al mar y rodeadas de alambradas. Uno de estos lugares se instaló en Angulema, en el lugar llamado «Les Alliers».
Pasado cierto tiempo, a los hombres se les propuso formar parte de las Compañías de Trabajadores Extranjeros o de la Legión Extranjera.
El inicio de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la invasión y toma de Francia y la posterior firma del armisticio con Alemania, el 22 de junio de 1940, provocaron que numerosos españoles fueran hechos prisioneros, tanto aquellos que habían participado en compañías francesas como quienes simplemente eran españoles refugiados. Muchos de ellos fueron destinados a los campos de concentración de Alemania.
Ni el Gobierno de París ni el de Madrid quisieron saber nada de los republicanos españoles durante largos años. El Gobierno alemán nunca consideró a los españoles como prisioneros de guerra, sino como criminales peligrosos.
Numerosos españoles terminaron por instalarse en Francia, donde rehacieron sus vidas, formaron familias y allí residieron. Algunos de ellos han vuelto de vez en cuando a nuestra ciudad para visitar a sus familiares, con los que mantienen sus vínculos afectivos. Otros no tuvieron esa suerte y murieron en los campos de concentración alemanes.
¿Cómo llegaron estos villanovenses a Mauthausen?
Fueron muchos los jóvenes que lucharon durante la Guerra Civil española en el bando republicano. Nuestra ciudad permaneció fiel a la República durante este periodo. Antes de acabar la contienda, cuando los soldados vieron perdida la guerra, aquellos que se encontraban en las comarcas próximas a la frontera francesa marcharon huyendo hacia ella. Era febrero de 1939.
Los cuatro villanovenses fallecidos en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen fueron Plácido Carrillo Manjón, Juan Pedro Molina Muñoz, Juan José Román Aibar y Alfonso Valdés Muñoz.
Mauthausen-Gusen
Mauthausen fue el campo de concentración llamado «de los españoles», clasificado de tercera categoría. Estaba destinado a «delincuentes habituales y elementos antisociales, incapaces de rehabilitación».
Comenzó a funcionar a partir del verano de 1940. Ante la llegada masiva de prisioneros y el consiguiente hacinamiento, se vieron obligados a ampliar las instalaciones en sus alrededores. Así surgió también el campo de concentración auxiliar de Gusen, situado a unos cinco kilómetros de Mauthausen, pequeña ciudad de Austria ubicada aproximadamente a 20 kilómetros de Linz.
Han sido largas las jornadas buscando pistas que nos pudieran ayudar a encontrar a algunos de sus familiares, y todavía nos quedan algunos flecos de investigación. He leído varios textos sobre los campos de concentración y he sufrido al conocer cómo sobrevivieron a la muerte que se les presentaba diariamente.
No quiero hurgar en antiguas y pasadas heridas. Solamente deseo que estas personas sean recordadas y que se conozca el terrible castigo y fallecimiento que sufrieron, simplemente por ser republicanos.
Juan Pedro Molina Muñoz
Juan Pedro Molina Muñoz fue el primer villanovense fallecido en el campo de concentración de Mauthausen.
Nació en Villanueva del Arzobispo el día 5 de julio de 1906, en el sitio llamado La Servalea. Sus padres fueron Juan Molina Moreno, nacido en Beas de Segura, labrador, y Catalina Muñoz Angullo, nacida en Villanueva.
Sus abuelos paternos fueron José Molina Lara y María de la Paz Moreno. Los maternos, José Muñoz y María Dolores Lillo.
Tuvo más hermanos: Cristóbal, José y Catalina. He encontrado datos de una hermana suya, María Dolores Molina Muñoz, nacida el 26 de junio de 1902 y fallecida el 28 de abril de 1979 en Tamarite de Litera (Huesca).
Juan Pedro fue llamado a quintas en el año 1927, con 21 años. Medía 1,585 metros y su perímetro torácico era de 81 centímetros.
A los 25 años, Pedro contrajo matrimonio con la joven Paula López López, de 18 años, el día 20 de septiembre de 1931. El presbítero que celebró la unión matrimonial fue don Joaquín Montoro Rodríguez.
Vivieron en la calle Magdalena. Fruto de su matrimonio nació Catalina Molina López, que falleció a los pocos meses por gastroenteritis.
En 1938 nació un nuevo hijo, Juan, que murió cuando su padre ya se encontraba en el campo de concentración.
Al marchar Juan Pedro a la guerra, Paula se quedó con tres hijos y con el dolor, la soledad y la necesidad como compañeras. Le sobrevivieron dos hijos, Juan y Miguel Molina.
No debió resultar fácil su vida ni el gran sufrimiento de no conocer el destino de su marido, sin saber si vivía o había muerto, en aquel desasosiego y en un periodo tan difícil para la subsistencia.
Su nieto, Javier Molina, desde tierras de Badajoz, nos cuenta:
«Mi abuelo vivía en el Camino Viejo y trabajaba en el campo. Toda la familia tenía ideas socialistas; de hecho, su hermano Cristóbal fue coronel en el ejército republicano, al que fue llamado a quintas en el año 1929.
Según contaba mi abuela, Juan Pedro un día salió con los amigos y, tras varias copas, decidieron alistarse voluntarios en la promoción que se llamó la quinta del saco. Esta quinta debió reunir a varias anteriores o posteriores para participar en la etapa final de la guerra, a la vista de las pérdidas del ejército republicano.
Resultó herido en una de las batallas, pasó al hospital de Gerona y desde allí lo trasladaron a Francia, cuando el ejército nacional ya se acercaba y la guerra estaba a punto de finalizar.
Internado en el Frontstalag 184, en Angulema, fue trasladado a Mauthausen el 24 de agosto de 1940, con el número de matrícula 4068.
Mi abuela —nos cuenta Javier— mantuvo correspondencia por última vez con él cuando estaba en el hospital de Gerona. Ya no volvió a tener noticias suyas…
Preguntaba entre los emigrantes de su pueblo y, más tarde, en Madrid, a todos los que volvían o residían en Francia.
Mi abuela se trasladó a Madrid sobre el año 1952 o 1953. Se ganaba la vida sirviendo en casas particulares; más tarde empezó a trabajar en los lavabos del cine Lope de Vega».
En un cuestionario cumplimentado en el campo de concentración en 1941, escriben, para comunicarse con los familiares de Pedro Molina Muñoz, como domicilio la calle Magdalena, 52, de nuestra ciudad.
En el censo de Empadronamiento Municipal de diciembre de 1945, la ficha figura a nombre de Juan Pedro Molina Muñoz, como cabeza de familia. Se indica Francia como lugar de residencia, aunque aparece como desconocido el lugar concreto donde vivía.
En este censo figuran su esposa, Paula López, y sus hijos en edad escolar, Juan y Miguel Molina López.
El domicilio que ocupaban era el de la calle Tercia, número 21.
Encarna, familiar de Paula, nos contaba que tuvo un pequeño estanco. También nos indican que vendió carbonilla y cisco. Estuvo como sirvienta en la casa de doña Lutgarda, quien, interesada por esta familia, costeó los estudios sacerdotales de uno de los hijos.
Sin embargo, a pocas fechas de cantar misa, abandonó la ordenación sacerdotal y finalizó la carrera de Magisterio.
Recuerda que Paula volvió varias veces a nuestra localidad para visitar a sus familiares. Una vez que recibió la pensión de Alemania, su vida mejoró notablemente.
Por su parte, Carmen Vizcaíno, sobrina de Juan Pedro, recuerda el sufrimiento que tuvo por él su madre. Lo describía como una buena persona, llena de humor.
La última carta que recibió fue desde Almagro. En ella decía:
«Tengo muchas ganas de veros, pero no sé si podré ir o antes veré a mi padre».
Su padre había muerto antes de la guerra.
No sabía dónde ni cómo estaba. Su madre, en su desesperación, fue varias veces a que «le echasen las cartas» en una casa próxima a las antiguas Albercas, para conocer el destino de su hijo.
Una de las veces le dijeron:
«Su hijo se ha casado y vive en Francia».
Parece que esto alivió, en parte, su dolor.
Ella murió sin conocer el verdadero destino de su hijo.