Carácter, fuerza, pasión, vocación. Eso era Isabel Nogueras Sánchez.
La última vez que estuve con ella fue el jueves. Un grupo de jóvenes visitaba el Ayuntamiento con motivo del Día de la Constitución. Allí estaba Isabel, cercana como siempre, interesándose por ellos: por cómo veían el Ayuntamiento, por cómo veían la vida.
El Ayuntamiento fue tu casa durante los últimos veinte años, Isabel, y antes de eso ya habías dejado tu sello en tantos colectivos.
Recuerdo aquella primera vez en el AMPA del colegio Fuensanta, cuando hablamos de crear la escuela de teatro. Me entendiste al momento, me cogiste de la mano… y también me tirabas de las orejas cuando hacía falta. Cuando tenías que decirme las cosas, me las decías sin miedo y con la verdad por delante. A veces discutíamos, a veces nos reíamos, pero siempre había una palabra de fondo: Villanueva del Arzobispo.
Creo que así te despidieron ayer: familiares, amigos, compañeros, políticos… A veces enfrentados, a veces de la mano, pero siempre humanos. Porque al final eso es lo que queda: que somos personas, que vamos y venimos, que estamos de paso. Y tú eso lo sabías mejor que nadie.
Tu falta nos ha dejado el corazón helado, paralizado a todo el pueblo. Y también se ha visto lo mucho que te querían. Años luchando, un poco pachucha —como a ti te gustaba decir—, pero en cuanto te daban el alta, lo primero era volver al Ayuntamiento: Festejos, Comercio, Economía, Hacienda, ser teniente alcalde y ser alcaldesa.
Recordamos con cariño aquel día en que cogiste el bastón con el escudo de Villanueva. Te vamos a echar muchísimo de menos. Pero siempre, siempre, Isabel, cuando venga la memoria, cuando paremos un minuto y recordemos lo que vivimos a tu lado, lo haremos con una sonrisa: con tu carácter, con tu pasión, con tu forma de estar en el mundo.
Gracias, Isabel.
Villanueva no te va a olvidar, y en Villanueva has dejado mucho.
Descansa en paz, amiga.










































