A las cinco de la tarde del Viernes Santo se abrían las puertas de San Andrés para la salida. Con el sol en lo alto, en un ambiente de recogimiento y amargura, expiraba el Cristo, seguido por su madre en una estación de penitencia solemne y elegante. En cada calle lucían las valiosas tallas de Sánchez Mesa y Felipe Herreros al paso de penitentes y mantillas. Es la tarde de Viernes Santo.
Los pasos, la salida en la madrugada de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Villanueva del Arzobispo, sigue manteniendo la mística, el misterio y el fervor de uno de los momentos más esperados de la Semana Santa villanovense. Una estación de penitencia muy especial, a la que se unen en su caminar Nuestra Señora de los Dolores, San Juan y la Verónica, que buscan al Nazareno en el amanecer del Viernes Santo. Un amanecer que se vuelve día de luz con la subida a las Heras del Calvario. Fue este un Viernes Santo multitudinario, que volvió a dejarnos imágenes eternas en la madrugada y en el amanecer nazareno.